Río
Rumores del río
que me acompañan en mi camino,
decorados con los cantos
de los pájaros con brío,
que van y vienen
con las estaciones del año,
que nacen y mueren,
como los pasos que van a mi lado,
y los míos mismos:
aquellos que veo,
pues en mi memoria han quedado,
y los que ya he olvidado.
Río salvaje, río bravo,
de cuántos pueblos, grandes reyes y amores
has visto el amanecer y el ocaso.
Cuántas vidas
con tus aguas han amamantado;
cuánta sangre has difuminado;
de cuántos cielos estrellados
con tus cristalinos mantos
la belleza has reflejado.
Aquí camino a tu lado,
con el olor del romero,
las encinas, granitos y espárragos,
entre muros y castillos iluminados
de mundos del pasado,
me sumerjo en tu manto.
Y cuando yo me vaya,
seguirás sin descanso bramando.
Nueva vida seguirá
junto a ti andando.
Cuando mi nombre
el tiempo se haya llevado,
y de tu orilla mis huellas borrado,
ahí seguirás tú, salvaje e indomado,
con la inmortal compañía de los astros,
viendo la vida surgir y morir,
en un ciclo por siempre inacabado.
Pero ahí seguirás tú, río afamado,
al que tantos poetas han cantado;
en cuyas orillas tantas náyades
han hayado descanso;
río testigo de los eones del paso,
por mi mortal corazón siempre serás amado.
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